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Periodista barceloní especialitzat en la gestió d'informació i comunicació. Professor-consultor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

2005/03/01

TÚNEZ: El Mediterráneo desde la otra orilla

Publicado en MUJER VITAL 03-2005

El mar y el desierto, templos romanos y mezquitas árabes, bullicio turístico y enigmáticos oasis… En Túnez las sensaciones más diversas se concentran en espacios y tiempos mínimos. No se trata de un espejismo, ni de una película. Aunque a veces surge la duda...

Enric Bruguera

A poco más de una hora de vuelo de los principales aeropuertos españoles, Túnez presenta una de las opciones más cercanas, asequibles y económicas de experimentar durante unos días la insólita visión del Mediterráneo desde la orilla norteafricana.

Su infraestructura turística y hotelera, con una muy buena relación entre calidad y precio, nos facilita el primer baño o bronceado primaveral en las playas de moda de Hammamet, Monastir o Djerba. Pero eso es sólo la puerta de entrada. Tras ella, el silencio del desierto, el trajín de medinas y zocos, el canto del muecín desde los minaretes de incontables mezquitas o la apacible tranquilidad de los oasis, propician múltiples sensaciones sobre un escenario de aventura.

Romanos en África
Mentalizados para aterrizar en un país de profundas raíces musulmanas, uno de los primeros contrastes que nos llamará la atención cuando iniciemos nuestra visita en el norte tunecino será el que presentan los abundantes vestigios romanos, tan familiares para nosotros en la península ibérica. A poco más de 100 quilómetros de Sicilia, Túnez fue en la antigüedad una zona estratégica muy codiciada por Roma y, tras sangrientas disputas con el imperio cartaginés de Aníbal, se convirtió en una de las más importantes provincias del Imperio Romano. Hoy es posible rastrear la historia en Cartago, muy cerca de Túnez capital, aunque quedan muy pocos vestigios cartagineses y púnicos, y sólo es perceptible la colonización romana, sobre todo en ruinas como las espectaculares termas de Antonino.

Visita obligada merece el anfiteatro romano de El-Djem, muy cerca de la ciudad de Sfax. Con capacidad para 30.000 espectadores, sus restos se alzan majestuosos sobre la llanura del Sahel recordando que fue uno de los anfiteatros más grandes de la antigüedad y evocando la grandeza del mismo Coliseo de Roma.

Las ruinas de Dugga, por su parte, muestran una de las ciudades romanas mejor conservadas sobre uno de los paisajes más bellos del Magreb. El centenar escaso de quilómetros que las separan de la capital tunecina ofrecen una sugerente panorámica del fértil norte africano, y preparan al visitante para saborear la colección de mosaicos romanos del museo de El Bardo, una de las más ricas y variadas del mundo.

A la sombra del minarete
Aunque para el turista convencional la ciudad de Túnez suele ser sólo un lugar de paso por su aeropuerto internacional, merece la pena detenerse aquí un par de días para disfrutar una de las medinas más hermosas del mundo árabe.

Desparramada en torno a la Gran Mezquita, la medina amurallada de Túnez abre ante el visitante un multicolor laberinto de zocos, tiendas, tenderetes, madrasas –escuelas coránicas- y templos musulmanes que aconsejan proveerse de un plano en la céntrica Oficina de Turismo de la esquina de las avenidas Mohammed V con Habib Bourguiba. Sobre todo para que las excelentes oportunidades de compras de todo tipo y el hallazgo de recoletos restaurantes no dependan en exclusiva de las insistentes ofertas de presuntos “guías” empeñados en llevarnos a la tienda de su cuñado y además cobrarnos por ello.

Desde la ciudad de Túnez, además, podremos llegar fácilmente al cercano puerto de La Goulette, con una animada vida nocturna, y visitar Sidi-bou-Saïd, un agradable balcón con excelentes panorámicas sobre el golfo de Cartago. Su laberinto de callejuelas blancas ofrece un incomparable paseo entre puertas labradas y rejas azules con un punto de llegada inevitable: el Café des Nattes. En su terraza y sobre sus alfombras, el té a la menta o con piñones tiene un sabor especial.

Del desierto al Sahara
Ya sumergidos en el ambiente social y religioso del país, el centro de Túnez ofrece una irresistible oportunidad de abrir la mente y los sentidos a sensaciones insólitas.

Cualquier ciudad tunecina nos brinda su medina, sus mezquitas y sus gentes. Pero no todas son iguales. Destacan las medinas amuralladas de Susa y de Sfax, esta última verdadera ventana a las costumbres locales sin apenas concesiones al turismo. Pero donde la cultura autóctona adquiere una identidad más diferenciada es en Kairuán, ciudad santa del Magreb, cuya Gran Mezquita constituye el principal centro de peregrinación musulmana en África. Su impresionante construcción semi-fortificada, su inmenso patio central y el incesante degoteo de fieles que acuden a la oración inducen al visitante a cuidar su indumentaria y su actitud como la mejor manera de mostrarse respetuoso con los usos y costumbres locales, y recibir a cambio acogedoras muestras de respeto.

En Kairuán, además, conviene visitar la escuela coránica de Sidi Sahab, que acoge el mausoleo de Abou Zamaa el-Balaoui, compañero de Mahoma que siempre llevaba consigo tres pelos de la barba del profeta. De ahí que el lugar sea popularmente conocido como la “Mezquita del Barbero”. Es curioso constatar el trabajo en azulejos, tan parecido a los que el levante y el sur españoles conservan de la presencia del reino de Al-Andalus. Si coincidís con las numerosas ceremonias de la circuncisión infantil que se celebran en la mezquita, conviene ser prudentes a la hora de tomar fotografías.

De Kairuán hacia el sur el paisaje no sólo constituye una sucesión de desolado silencio y vastas llanuras. También permite entender las razones por las que los tunecinos pueden distinguir entre el desierto y el Sahara: la sutil frontera entre el terreno pedregoso con escasas briznas vegetales y la arena amontonada en inacabables dunas.

Oasis de cine
Nefta marca el límite a partir del que la presencia humana va unida inevitablemente a los oasis, sus insólitas fuentes y los sorprendentes grupos de millones de palmeras que surgen de improviso en la nada arenosa. Conocida antiguamente como la “Princesa del desierto”, hoy Nefta suma a su bello palmeral de La Corbeille la producción de los mejores dátiles frescos, los daclat nur –dátiles de luz-, de los que conviene aprovisionarse para el viaje, y un importante mercado de “rosas del desierto”, concreciones arenosas de formas florales extraídas de las entrañas de la tierra.

El enigmático laberinto de callejuelas de Nefta es, además, el punto de partida de un sugerente itinerario romántico que el cine nos ha anticipado en incontables películas a lo largo de las últimas décadas. Entre estas construcciones de barro recordaremos inevitablemente el film “En busca del arca perdida” porque algunas de sus escenas fueron rodadas precisamente aquí. Muy cerca, en el oasis de Mides y los parajes de Shubiel y Oung Jmel se rodaron los impresionantes paisajes de “El paciente inglés”.

Y es precisamente en los alrededores desérticos de Oung Jmel donde todavía perviven, en envidiable buen estado por cierto, los restos del poblado de cartón piedra que George Lucas erigió para rodar algunas escenas de “La amenaza fantasma”. El lugar es punto obligado de peregrinación de excursiones turísticas en 4x4, lo que propicia un inolvidable itinerario por el desierto e incita a llegar hasta oasis de montaña como Chebika y Tamerza, menos explotados por las producciones cinematográficas y, por ello, aún más sorprendentes cuando nos descubren sus misteriosos palmerales y las remotas poblaciones situadas sobre la frontera con Argelia.

Llanuras de sal
Siguiendo el rastro de localizaciones cinematográficas famosas, el oasis de Tozeur, con su medio millón de palmeras, brinda al visitante una bulliciosa medina y el museo Dar-Cherait, con una excelente muestra de objetos de la vida cotidiana berebere. Más al este, el extenso lago de Chott El-Jerid volverá a recordarnos durante más de trescientos quilómetros las aventuras de Indiana Jones sobre estas vastas extensiones pedregosas recubiertas de sal. El lago, que sólo presenta una fina capa de agua durante la estación lluviosa, es cruzado por una carretera a lo largo de la cual se suceden los espejismos, fenómenos ópticos naturales que engañan al ojo del visitante y le hacen ver imágenes donde en realidad sólo hay un contraste entre la temperatura del suelo y la del aire. Hablando de engaños, conviene no caer en la tentación de comprar las rosas del desierto de colores azul, verde o amarillo que ofrecen los numerosos puestos de venta a lo largo de la ruta: un simple roce con un dedo húmedo demuestra que las rocas han sido pintadas a mano.

Douz y Kebili, en el extremo oriental del lago, constituyen la auténtica puerta del Sahara. Hacia el sur la arena se extiende a lo largo de miles de quilómetros cuadrados, por lo que es recomendable aprovechar estos dos oasis para realizar excursiones a lomos de dromedario en parajes tan sugerentes como la gran duna de Ogra.

Más al este, Matmata ofrece nuevas pistas cinematográficas de “La Guerra de las Galaxias” en los habitáculos troglodíticos bereberes excavados en la roca. Su paisaje desolado y lunar ya no nos abandonará hasta Tataouine, cuyo nombre también ha sido incorporado a la saga galáctica de Lucas. A partir de aquí, la dureza del Sahara impide que los circuitos turísticos convencionales se adentren más al sur, pero hay agencias locales que organizan salidas y excursiones por la llamada ruta de los Ksours, antiguas construcciones que los nómadas bereberes utilizaban para guardar el grano y los alimentos. La espectacularidad del paisaje, con sus pequeños núcleos de población diseminados por el desierto, hace de esta zona un magnífico broche de oro para cerrar una intensa visita a Túnez.

Las mejores playas
Con sus 1.300 quilómetros de costas, Túnez constituye una irresistible tentación para los bañistas y amantes de las playas. Algunas de las mejores están al norte, entre Tabarka y Bizerta, algo alejadas de los principales circuitos turísticos europeos.

La práctica totalidad del Cabo Bon y los alrededores de Kabilia, en el extremo nordeste del país, también albergan sugerentes extensiones de fina arena dorada y puertos pesqueros que se resisten a ser colonizados por urbanizaciones hoteleras masivas como las que, más al sur, proliferan en el litoral de Hammamet a Monastir, pasando por Port el-Kantaui y Susa. En esta zona, eso sí, es donde se encuentra la mayor oferta de diversiones turísticas convencionales, y una ajetreada vida nocturna.

Algo más tranquila es la oferta turística de la pequeña isla de Djerba, a la que se puede llegar en trasbordador o atravesando un puente. Y para los partidarios de un cierto equilibrio entre las propuestas playeras y las opciones de disfrutar los placeres tunecinos, Mahdia ofrece, con mucha ventaja, una buena combinación de hoteles internacionales y tranquila vida local. Las excelentes playas de la zona, con todo tipo de ofertas de ocio y vacaciones, se complementan aquí con la oportunidad de recorrer recoletas medinas, deambular entre las tumbas de un impresionante cementerio marino ante el antiguo puerto fatimí, y degustar un excelente pescado fresco en locales como Le Quai, entre una clientela casi exclusivamente tunecina.

Picante y aromático
La cocina tunecina concentra una extraordinaria síntesis de tradiciones mediterráneas, orientales, bereberes y francesas. Y la harissa es el detonante de esa explosiva mezcla. Servida como salsa o como condimento, el rastro de sus pimientos rojos machacados recorre la mayoría de platos con un punto de sabor picante que los cocineros locales saben administrar. Podemos comprar polvo de harissa en cualquier zoco o mercado callejero para aderezar guisos y ensaladas cuando regresemos de nuestro viaje, pero conviene ser prudentes y avisar a los invitados para que no la confundan con una simple salsa de tomate… y quemen sus paladares.

El couscous, una fina sémola de trigo molido con pollo, cordero o pescado, suele poner inevitablemente en la mesa la tradición gastronómica berebere en sus múltiples variantes, aunque es el brick, una crujiente empanadilla de hojaldre rellena de huevo o atún, la que marca la tradición más genuinamente tunecina. Junto a ella, el fricasé –especie de buñuelo relleno de atún, patata y harissa-, la ensalada mechuya –con pimientos y alcaparras- y los Dedos de Fátima –rollitos de pasta brick rellenos de pollo o atún- constituyen entrantes que hay que probar antes de atreverse con la chakchuka –una especie de pisto picante-, la kamunia –hígado de vaca guisado con salsa de comino-, la tarta de carne de tajín o el mechuy, una simple y sabrosa carne asada sobre brasas vegetales.

Mención aparte merece el pescado. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de restaurantes de Túnez , la oferta de “pescado del día” es literal: elegiréis sobre una bandeja que pez queréis comer y pagaréis según el peso y su precio en el mercado. Sugerencia especial para coleccionistas de recuerdos imborrables: probad el pescado fresco en el restaurante Sidi Salem, en Mahdia: la comida es excelente y la panorámica marítima desde las terrazas sobre las rocas, inigualable. Y además es muy económico!

A pesar de ser un país musulmán, Túnez tiene una producción de vinos autóctonos notables. Los Mornag y el muscat de Kelibia son los más recomendables. Además del té con menta o con piñones, conviene no dejar de probar la buja –licor de higos- y el lagui –un destilado de palmera típico de los oasis del sur.

DE COMPRAS
A regatear toca!
Los zocos y las medinas de Túnez constituyen un inacabable escaparate donde elegir esos objetos con los que queremos perpetuar el recuerdo de nuestro viaje. Como en cualquier otro país de tradición árabe, deberemos, eso sí, prepararnos para el ritual del regateo. Para ello, primero conviene que nos informemos sobre los precios medios en las tiendas oficiales del Office National del Artisanat Tunisien (ONAT). Así tendremos la referencia de lo que podemos negociar, de forma respetuosa y paciente, con vendedores más que amables.

ALFOMBRAS. Recuerdo-estrella de nuestra aventura tunecina. Conviene exigir el certificado oficial que indica si la pieza es de segunda o primera categoría, o de calidad superior. Las mejores alfombras pueden localizarse en Kairuán, Sfax y Mahdia, mientras que en Susa y las zonas más turísticas se ofrecen menos garantías. En el sur de Túnez podemos adquirir auténticas joyas de tejido berebere a buenos precios después de regatear.

ROSA DEL DESIERTO. Vistosas cristalizaciones minerales de estructura floral que los jóvenes tunecinos extraen de las entrañas del desierto. En la plaza de Nefta podréis regatear el precio de las mejores y más baratas mientras sorbéis limonada y os sentís aventureros en busca de tesoros arqueológicos.

CERÁMICA. Presente en todo el país, es en la isla de Djerba donde encontraremos más cantidad y variedad para escoger. Aquí hay que regatear, y mucho.

ORFEBRERÍA. Oro y plata se trabajan en todo Túnez, pero es en los barrios de tradición judía donde hay que buscar mejores oportunidades. La Mano de Fátima es el amuleto más conocido de la joyería local. A la hora de valorar el precio conviene comprobar los quilates y la calidad de la joya.

COBRE. Las medinas de Túnez y Kairuán son los paraísos de la variedad de bandejas, teteras y otros objetos meticulosamente trabajados en este metal.

RECUERDO ORIGINAL. A la hora de llenar la maleta de recuerdos para amigos y familiares puede venir bien recordar que Túnez es un excepcional productor de especias, de henna –el conocido colorante natural para piel y cabellos-, objetos realizados con coral –sobre todo en la región de Tabarka-, atractivos vestidos típicos tunecinos, y originales jaulas que recogen la tradición artesana de zonas como Sidi-bou-Saïd. El narguilé, pipa de agua con la que se fuma la chicha, hoja de planta aromática parecida al tabaco, puede ser el objeto que nos recuerde para siempre nuestros descubrimientos tunecinos.

INFÓRMATE
Oficina de Turismo de Túnez: http://www.tourismtunisia.com/
Llegar en avión
Tunisair: http://www.tunisair.com/
Iberia: http://www.iberia.es/
Mejores ofertas
Iberojet: http://www.iberojet.es/
e-Dreams: www.edreams.es

IMPRESCINDIBLE
Documentación: Túnez requiere a los visitantes españoles el pasaporte en regla. Para una estancia superior a tres meses es necesario el visado de la embajada de Túnez en Madrid.

Idioma: El idioma oficial es el árabe, pero el francés está muy extendido en todo el país. En hoteles internacionales y zonas turísticas, inglés y español son de uso bastante común.

Vacunas: Oficialmente el gobierno de Túnez no exige ningún certificado de vacunación.

Moneda: El dinar tunecino, que se divide en 1.000 milims. Un dinar equivale aproximadamente a 0,65 €. Bancos y hoteles internacionales cambian divisas extranjeras, normalmente sin cobrar comisión.

Seguro de viaje: Es conveniente suscribir una póliza de seguro médico y de repatriación si nuestra agencia de viajes no la incluye. La sanidad tunecina no contempla la cobertura médica para los visitantes extranjeros.